En la Vereda El Silencio hay música, futuro, carranga y tradición.

4 de julio de 2018

En una de las montañas que adornan el paisaje de Suratá, al noroeste santandereano, vive la familia Areniz. Su hogar está ubicado en la vereda El Silencio y allí se mezclan las raíces indígenas por parte materna y el espíritu santandereano del lado paterno para educar a cuatro niños de tres, cinco, diez años.

A pesar de las diferencias de edad entre hermanos y la diversidad cultural de los padres hay una característica común: el amor por la música.

Este sentimiento se liga especialmente a Riquelme Areniz, el padre de esta familia, quien desde pequeño toca Carranga en compañía de su familia. Sin embargo, hoy esta actividad es más un pasatiempo que una ocupación, pues pasa sus días trabajando como agricultor de mora y otros alimentos. El sueño de ser músico saltó una generación hasta sus hijos Joan Sebastián, Jhon y la pequeña Anyi.

Para los Areniz, un requinto, una guitarra y una guacharaca significan felicidad, futuro y tradición. En las tardes, después de asistir a la escuela y hacer tareas, ensayan las canciones de los ‘Carrangueritos’, el nombre con el que fue bautizada su agrupación infantil.

La música corre por las venas de los niños Areniz. Su ‘nono’ (abuelo) tenía un grupo con sus hijos y las fiestas patronales de los pueblos eran la ventana de exposición de esta familia de músicos. Riquelme relata que años atrás podían tocar Carranga durante semanas, cuando hacían su gira por los municipios de Santander, entre ellos, Bucaramanga.

 

Para esa época el aprendizaje era empírico. La imitación de los movimientos de los dedos predominaba sobre la aprehensión de partituras o notas musicales y ese fue el ejemplo que recibieron Joan Sebastián y Jhon. Sin embargo, hoy tienen una nueva opción para formarse como músicos con el programa Mi Música, Mi Tradición, el proyecto con el que Minesa lleva felicidad, futuro y tradición con música a los colegios y escuelas de todo Soto Norte.

Los niños Areniz iniciaron sus clases hace poco menos de un año. El curso se desarrolla en uno de los tres salones de la Escuela El Silencio, donde Jhon terminó su primaria y Joan Sebastián hace quinto grado. Gracias a este programa, esta escuela que no supera el tamaño de un apartamento promedio en una ciudad, llena su espacio con instrumentos que son la herramienta con la que 15 niños descubren su talento musical y rescatan su tradición.

Dos veces a la semana los niños asisten a clase con el profesor Pedro Pabón, quien les enseña sobre música típica colombiana, especialmente, Carranga. Todos hacen las veces de vocalistas, aunque los músicos de la familia son más hábiles con el requinto, el tiple, la guacharaca y la guitarra. Cada uno tiene su favorito: Joan Sebastián toca el requinto, Jhon la guitarra, y Anyi, que todavía carga la guitarra con dificultad, está aprendiendo a tocar guacharaca.

Para los niños Areniz los ritmos autóctonos son parte de su identidad. Cuando se les pregunta qué tipo de música les gusta, no mencionan nada que suene en las emisoras ni que sea tendencia en Youtube, simplemente la música que sus ancestros les han heredado. “Me gusta vivir en Suratá porque aquí hay cultura de música y hay gente que le gusta la Carranga y la música de Santander”, dijo Jhon.

El sueño de ambos es seguir con la música, formar un grupo, hacer presentaciones, y así seguir el legado de su padre y su nono. Joan Sebastián siempre recuerda a su abuelo cuando toca, pues le decía que debía ser el mejor requintista cuando era más pequeño. En esa época, ya se estaba despertando su espíritu carismático e inquieto, ese que provocaba que se rompieran las cuerdas de la guitarra cuando empezaba a tocarla.

Riquelme es positivo con el futuro de sus hijos, en especial, después de que tuviera que vivir una época oscura en el que el conflicto armado cerró las puertas de las casas y dejó todo en silencio, haciendo honor al nombre de la vereda. Su propósito es que sus hijos sigan el camino de la música, continúen educándose y lleguen a la universidad. Mientras tanto, él sigue construyendo el futuro de su descendencia con su cultivo propio de mora y con su plan para cultivar aguacate Hass, de la mano del programa Mi Campo de Minesa.

 

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