De los Quimbayas a la Colosa

11 de abril de 2018

Tengo la impresión de que cuando se habla de minería a muchos se les olvida la historia de Colombia, de pronto les parece oportuno borrar de un plumazo nuestro pasado.

Para algunos, nuestro suelo siempre ha tenido una vocación agrícola y es muy frecuente encontrar este argumento en las exposiciones de motivos de documentos tendientes a prohibir la minería en un territorio y es también usual oírlo en las universidades y en foros mineros.

Lo cierto es que la minería hace parte de la historia de Colombia desde antes de la llegada de los conquistadores españoles, así, tuvimos dentro de nuestros pueblos indígenas a los Quimbayas, que fueron los mejores orfebres de la América pre-hispánica; a los Muiscas, que no solo nos dejaron la balsa que hoy se encuentra en el Museo del Oro, sino que extrajeron magnificas esmeraldas, objeto de orgullo nacional y quienes adicionalmente debieron parte de su grandeza al comercio de la sal de las minas de Zipaquirá y Nemocón.

La minería continuó siendo una actividad de mucha importancia durante la Colonia, al punto que se consideraba que era el oro que se extraía de Popayán, Chocó y Antioquia y la plata que se obtenía en Mariquita; los que permitían la subsistencia del Virreinato del Nuevo Reino de Granada.

Y precisamente es, en gran medida, gracias a la explotación de oro que Antioquia es hoy ejemplo de pujanza y desarrollo, puesto que hacía la mitad del siglo XIX se introdujeron nuevas técnicas de beneficio que supusieron un incremento en la actividad minera, de forma tal que Antioquia recibió el siglo XX con dos empresas mineras consolidadas y la necesidad de impulsar la minería trajo consigo desarrollo, se crearon bancos, ferrerías y el ferrocarril de Antioquia, por solo citar algunos ejemplos.

En la actualidad hay cerca de 8.500 títulos otorgados; ya hay varios proyectos con licencia ambiental para explotación de oro en Antioquia y, en Cajamarca, Tolima, se halló la Colosa, que podría ser la mina de oro más grande de Suramérica.

Como pueden ver, nuestra historia ha sido tejida por la minería, hace parte de lo que somos, como nuestra sangre indígena, española y negra, como el castellano y como el catolicismo; es por eso que no puedo entender que pretendamos desconocerlo, porque al hacerlo nos desconocemos a nosotros mismos, desconocemos nuestra identidad y nuestro origen; es imposible para mí comprender que algunas personas puedan decir, sin sonrojarse, que la minería amenaza con terminar con la tradición cafetera de Antioquia ¿Será que a algunos les enseñaron otra historia?

Por: Ángela María Salazar*

* Abogada de la firma Lloreda y Camacho desde el año 2009. Trabaja allí como asociada Senior en el Departamento de Recursos Naturales. Sus principales áreas de práctica son el Derecho Minero, Ambiental, Comercial y Administrativo. Es abogada del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario (2001), y tiene una especialización en Derecho Comunitario del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario (2001) y de la Universidad Paris II – Panthéon – Assas (2003) también en Derecho Comunitario, y actualmente cursa una especialización en Derecho Ambiental en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario.

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