Mercurio, un aliado de la explotación ilícita

1 de noviembre de 2017

La minería es un actividad regulada y legal, que genera alrededor de 350.000 empleos directos de calidad en Colombia. Sin embargo, existen grupos de personas en el territorio nacional que se dedican a la extracción ilícita de minerales por razones de subsistencia sin medir los grandes riesgos que representa esta práctica.

El cumplimiento de las normas, el pago de regalías y en especial, el cuidado del medio ambiente, son razones de peso para que la formalización de la minería sea un hecho.

José Alejandro Martínez, ingeniero químico y magister en Ingeniería Ambiental de la Universidad Nacional de Colombia, es actualmente director del departamento de Sostenibilidad en la Universidad EAN. Como investigador, en compañía de otros docentes de la institución, se ha vinculado con el sector minero estudiando lo que está pasando con la extracción ilegal de oro, haciendo una revisión del uso del mercurio en esta actividad. Hoy estudia la remediación de suelos contaminados.

¿Por qué le interesó estudiar los suelos contaminados por la extracción ilegal de minerales?

Hay muchos estudios sobre lo que sucede con el agua cuando se usa mercurio en la extracción ilegal de minerales, pero ¿qué pasa con los suelos? Este interrogante dio origen a una investigación que desarrollé en compañía de otros colegas y expertos, y con la cual construimos el libro “Contaminación y remediación de suelos en Colombia. Aplicación a la minería de oro”

¿Cuándo aparece el mercurio y por qué

La extracción de oro por vía gravimétrica es un arte que se ha enseñado de generación en generación, pero es de baja eficiencia- si se hace mal se pierde la carga-, lo que ha llevado a la utilización de complementos químicos, como el mercurio, disparando costos ambientales, todo por aumentar la productividad.

El uso del mercurio está prohibido en Colombia. Cuando se desarrolla la actividad minera sin conocimiento, se manipula el mercurio sin elementos de protección y en condiciones de temperaturas altas, se generan acciones contaminantes que afectan a las personas y a la actividad minera en términos de sostenibilidad.

¿Es frecuente el uso del mercurio en Colombia?

Cada vez es más común el uso de mercurio dentro de esta actividad artesanal, su implementación ayudó a su transición industrial, lo que nos hizo analizar qué está pasando con los suelos en el país.

Empezamos a investigar en dónde se desarrolla y qué tan fuerte es la extracción ilegal en Colombia. En este recorrido por el país nos dimos cuenta que además de utilizar mercurio, lo evaporaban y botaban sus excedentes al suelo, como es el caso de zonas en Antioquia y Chocó, donde estas prácticas ilegales representan un medio de subsistencia.

En términos globales hay una evidencia de qué tan grave puede llegar a ser para el ambiente el mercurio, pues hay oportunidades de que migre en otras formas: a la atmósfera o por contacto a los seres vivos. Los suelos quedan contaminados teniendo persistencias por mucho más tiempo de las que una molécula de mercurio puede permanecer en el agua, por ejemplo, afectando así la cadena natural.

Es tan importante pensar en el impacto que puede tener el uso del mercurio en el agua como en el suelo.

¿Qué se puede hacer frente a este panorama?

Cuando el daño está hecho es necesario realizar procesos que permitan esa degradación del mercurio. Este elemento puede transformarse -dependiendo de su estado químico- y se le debe dar un tratamiento adecuado para no quedar con especies biodisponibles en el suelo, que son las que afectan el ecosistema.

En nuestra investigación llegamos a encontrar herramientas de tratamiento biológico que tienen amplia posibilidad de ser utilizadas en el territorio nacional, porque las condiciones del suelo y temperatura que tenemos en las zonas de intervenciones ilícitas y deposición ilegales de mercurio son aptas. Es más accesible pensar en alternativas de fitorremediación y biotratatmiento, que en la remoción de tierras, porque nuestras condiciones naturales nos lo permiten.

Con alternativas como las que expone Alejandro Martínez, Colombia tiene la oportunidad de recuperar suelos contaminados producto de las prácticas ilegales, teniendo en cuenta que al cierre de 2016, el país produjo 1,99 millones de onzas troy. Solo el 13% por ciento de esta cifra corresponde a operaciones formales; el resto vendría del sector informal o por fuera de la ley, de acuerdo a cifras reportadas a la Revista Semana “Colombia vale oro”.

Fuente Vanguardia

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