“La responsabilidad social sí es posible en la actividad minera”

1 de noviembre de 2017

El compromiso de las compañías mineras se debe extender a la conservación del medio ambiente y al bienestar de las comunidades.

A nivel mundial varias empresas han asumido la responsabilidad social corporativa como conducta empresarial y están enfrentando adecuadamente el desafío. Algunas de ellas han realizado procesos de acercamiento con las comunidades, lo que les han permitido conocer mejor su estructura, y como empresas, mejorar su situación competitiva, reputacional y su valor añadido.

Para Manuel Farías, planificador social chileno, especialista en participación ciudadana, estrategias de sustentabilidad y relacionamiento con grupos de interés para proyectos de inversión, la minería que involucra responsabilidad social empresarial puede ser un motor de desarrollo para los territorios.

“Muchas experiencias mineras han ido mostrando a lo largo del mundo los aportes que puede generar la responsabilidad social. Dichos aportes se obtienen sobre la base del diálogo, comunicando anticipadamente y con una política de puertas abiertas con los actores que involucra un proyecto. Si la minería no tiene ese tipo de vinculaciones, no se podrá sacar mayor partido a un proyecto”, puntualiza Farías.

Así mismo, es importante resaltar que el objetivo fundamental al que debe apuntar una empresa no está en resolver las dificultades sociales o de gobernanza pública, pues esta obligación recae principalmente en el Estado y sus instituciones. Sin embargo, las empresas del sector minero deben adquirir un compromiso, de la mano de las autoridades, de operar de forma responsable, con oportunidades y acciones transparentes que ayuden a mitigar las brechas de las comunidades de influencia.

“Las compañías mineras pueden contribuir con el desarrollo territorial. Sin embargo, no se puede reemplazar las funciones del Estado. Si las comunidades pretenden que sean las empresas mineras las que resuelvan todos los problemas sociales es porque ahí hay un actor que no está cumpliendo su rol”, señala Farías.

La crítica que se genera alrededor de esta situación es la relación de dependencia de la comunidad y del gobierno local, por lo que es importante preguntar: ¿Qué pasa cuando la empresa termina sus operaciones de explotación?, es necesario entonces mitigar el riesgo de dependencia y preparar a la comunidad para el eventual cierre, a través del desarrollo productivo local.

Manuel Farías explica: “Hay varios países que tienen legislación al respecto y se trata de leyes de cierre en las que se establece que la responsabilidad social va mucho más allá, y tiene que ver en cómo las empresas se hacen cargo de los impactos sociales y económicos que generan. Sin embargo, es con el diálogo hacia las comunidades y con la planeación inicial de un proyecto que es posible la diversificación en otras áreas económicas, para que no haya dependencia”.

Se trata entonces no solo de realizar actividades filantrópicas sino de ejercer una responsabilidad empresarial mejorando las condiciones del entorno en que opera la empresa, con transparencia, responsabilidad y compromiso con los grupos de interés, para así salvaguardar a las generaciones venideras.

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